Croix-Rousse
La Croix-Rousse, "colina que trabaja", alter-ego obrera y trabajadora de Fourvière, la "colina que reza", fue edificada a comienzos del siglo XIX, en terrenos que pertenecían a congregaciones religiosas. Las cuestas se oponen tradicionalmente a la meseta. Dichas cuestas de la Croix-Rousse forman parte de la zona clasificada en el Patrimonio Mundial por la Unesco en 1999.
La importante desnivelación tuvo consecuencias respecto al trazado de calles que siguen las curvas de nivel, o siguen francamente las cuestas y se convierten en escaleras. Las zonas antiguas, con calles estrechas que separan edificios altos, cruzados por “traboules” son totalmente distintas de las partes modernas. Los Canuts (obreros de la seda) vivían en edificios creados para ellos y dimensionados para contener los imponentes telares manuales y luego mecánicos inventados por Jacquard: Edificios altos con muchos ventanales. Pasos de norte a sur en el sentido de la cuesta, las famosas “traboules”, fueron creadas para facilitar la circulación peatonal.
La residencia Villemanzy, antiguo monasterio de las Damas de Sta Elisabeth, más tarde cuartel y hospital militar, transformado en 1988, en residencia para investigadores extranjeros, ofrece un magnífico panorama sobre el Ródano.
En la parte oeste de la colina, la iglesia de San Bruno de los Cartujos, constituye un ejemplo muy bello del barroco francés, con su cúpula construida en el siglo XVIII por Soufflot. Es el único vestigio de los numerosos conventos que se repartían la colina antes de la Revolución.
Con renovaciones y operaciones urbanísticas, el barrio a recuperado animación, dinamismo cultural y comercial. El comercio en por mayor de prendas de vestir se ha instalado en la parte inferior de las cuestas, mientras que la Casa de los “Canuts”, en la meseta perpetua su homenaje a la industria sedera y transmite sus conocimientos a las nuevas generaciones.
El mercado de alimentación, « la vogue aux marrons » (la Fiesta de las castañas), los bares auténticos y las plazas con juegos de bolas lionesas, contribuyen a lograr que sea un lugar importante de la tradición. El circuito de las « traboules » forma un patrimonio original. Podemos observar una ilustración de la memoria y de la identidad del barrio en un muro pintado dedicado a los Canuts, Bulevar des Canuts.